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¡No te lo pierdas!
Baile, teatro, juegos infantiles, cine, deportes, conciertos, exposiciones… y mucho más en la XI Semana Cultural de Nava del Rey, que empieza hoy sábado, 28 de abril.
Con un mes de adelanto, con motivo de las Elecciones Municipales y Autonómicas del 27 de mayo, llega esta semana con diversión para todos los gustos, que se viene celebrando, año tras año, coincidiendo con La Función, romería que se festeja el último domingo de mayo en honor a la Inmaculada Concepción, patrona de los navarreses.
El espectáculo de flamenco Vivencia de la compañía de danza Flamenco Vital, inaugura esta noche un amplio y variado programa en el que ingredientes como el ocio, la cultura y la tradición se dan la mano; y cuyas actividades a destacar son el Concurso de Carteles de la X Semana de Baloncesto, con su correspondiente exposición y entrega de premios; el Concierto de Música Sacra a cargo de la Coral Valparaíso en la Iglesia de los Santos Juanes; o el paintball, juego de persecución en el que los participantes usan pistolas de aire comprimido que disparan bolas con pintura.
Una iniciativa que organiza el Ayuntamiento con la colaboración de Asociaciones y Colectivos de la ciudad porque las actividades educativas y culturales enriquecen las tradiciones, costumbres, cultura y educación; y, además, fortalecen las raíces. De esta forma, también se promueve la vida social, la integración comunitaria y la comunicación entre los navarreses. El programa compreto está disponible en la web oficial del Ayuntamiento y en todos los domicilios de la localidad.
Dice un refrán típicamente taurino: “Corrida de expectación, corrida de decepción”, y por experiencia sabemos que no hay nada mejor en esta vida que no poner las expectativas demasiado altas, así luego las buenas sorpresas se disfrutan más. Pero esta semana de diversión asegurada, merece ser esperada con la certeza de que no va a defraudar.
Preparados para hacer pinitos como bailarines, pintores o deportistas de élite; listos para ver Pequeño cabaret azul o para contemplar la iglesia de los Santos Juanes en una de las visitas guiadas, como si de la primera vez se tratase; ¡ya! suena el disparo de salida, que a nadie se le olvide estirar.
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Con un olé
“A La Nava yo quiero volver, a cantarle a la Virgen con fe…”; ya huele a feria, ya se respira ambiente feriante. Y es que, la Feria de Abril ha llegado a Nava del Rey.
Como ‘alumbrao’, los rayos del sol; como calle del Infierno, el camino a la ermita de la Concepción; como Portada, su entrada; y como caseta, el bar El Paraíso. De esta manera, decenas de navarreses, han recreado hoy su particular Feria de Abril que ha paralizado la ciudad durante unos instantes para deleitarse con el ambiente.
Una calesa desde la que llovían caramelos, decenas de caballos y jóvenes a pie emprendían la romería hacia la ermita donde bailaron y cantaron sevillanas ante la patrona. Después pudieron disfrutar de los principales placeres de la Feria, ya que no faltaron la comida y bebida. Los colores de los trajes de flamenca se mezclaron sin descanso con las palmas y sevillanas, con los caballos, carruajes y el bullicio de un día de fiesta. Fiesta andaluza que llega a Nava del Rey llena de colorido y sabor flamenco.
Profusión de volantes, escotes, moños, flores en el pelo, collares, pendientes, mantones de manila… todas alhajas se quedan pequeñas para honrar a Nuestra Señora de la Concepción. Como verdaderas gitanas lucieron las jóvenes navarresas atuendos que realzan el cuerpo femenino, imprimiendo a los trajes un garbo capaz de constituirles en una auténtica moda. Pero La Feria no podría imaginarse sin caballistas de corto y con sombreros de ala ancha, o sin las típicas calesas.
Dicen los andaluces que hay que ir a Sevilla para saber lo que es esta fiesta, pero La Nava ya está en feria. Es tiempo de sevillanas, de tocar las castañuelas y de cantar por soleares. Algunos vecinos han trasladado sus corazones a ritmo de sevillana hasta la Concepción en un día dedicado a los sentidos, para disfrutar, porque Nava y su feria están llenas de arte.
Quizá no llegue a convertirse en una costumbre que la ciudad se vista de Sevilla durante las fechas en las que se celebra la Feria de Abril, pero hoy, La Nava se ha puesto el traje de flamenca, se ha acicalado con perfume y flores de azahar, y nos ha regalado la Feria.
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Adiós al asfalto
Vaqueros, zapatillas, tiendas de campaña, barbacoas, paelleras… todo listo para que se produzca, como cada año, el éxodo masivo hacia el campo. Es el reencuentro anual con la naturaleza y la empanada.
Tras la Semana Santa llegan ‘Los Doblaos’, ‘Las meriendas’ y ‘El lunes de las sobras’. El doblado, pan elaborado con leche y relleno de chorizo y lomo, se merienda el miércoles posterior a Pascua de Resurrección, conocido como ‘Miércoles de los Doblados’. Esta es una merienda celebrada especialmente por los niños en los pinares cercanos al pueblo, como el de ‘La Coneja’, donde dan buena cuenta de la tradición popular y de que andar en bici nunca se olvida.
El domingo después, los vecinos, junto a sus familiares, amigos, peñas y las mejores paellas y carnes a la parrilla, tornan de nuevo al campo para disfrutar del llamado día de ‘Las Meriendas’, que constituye la fiesta campestre más tradicional de Nava del Rey.
El ocio y la diversión inundan los pinares del término municipal, el pinar de la carretera de Sieteiglesias y, especialmente, la Cantera, a la orilla del Trabancos, antigua mina a cielo abierto de caolín o arcilla blanca empleada para clarificar el vino, el famoso vinito rancio de la Nava, donde tradicionalmente se reúnen más de mil personas. Entre los productos gastronómicos, son tradicionales las empanadas de chorizo y lomo o de bonito, cuya elaboración es totalmente artesanal y a base de los productos de la tierra, que constituyen una de las viandas indispensables para disfrutar de un día completo en el campo.
Pero esto no ha hecho más que empezar. Al día siguiente, los vecinos que no se han quedado a dormir en dichos parajes, vuelven a la ribera del Trabancos con la excusa de degustar los restos del día anterior, en el que se denomina ‘Lunes de las Sobras’ que pone fin a las meriendas. Este día es fiesta local en Nava del Rey y no se trabaja, por lo que la mayoría de vecinos pueden gozar de una tarde festiva y campestre.
Durantes estos días no se repara en comida, bebida, juegos, bromas, cánticos, “tíos maragatos” o “queimadas” que acompañan el ambiente alegre que siempre ha existido en Nava del Rey. También es tradicional la visita a los diferentes grupos que forman familias o peñas, abiertos a todo el mundo, lo que hace especialmente reseñable el abrazo y cercanía que todos ofrecen y donde a nadie se le pregunta quien es.
Los orígenes de esta tradición festiva pertenecen a una historia de privación y de obediencia piadosa. Es una fiesta pagana, única en Nava del Rey que le sirve de tarjeta de visita. Antiguamente, las meriendas se esperaban con impaciencia para resarcirse de tanto ayuno y despedirse de los rigores cuaresmales con una sustanciosa empanada. Hoy, aunque esto no se respeta, la tradición continúa en una apuesta por la fiesta, la jarana y la juerga de un día de campo acompañado de amigos, familiares y de titánicos nutrientes.
En definitiva, el culmen del ocio y la diversión sin límites ni miramiento. Una auténtica fiesta a la orilla del río, los recuerdos de un paraje muy popular en la localidad, del olor a chorizo, de los chorros inagotables de vino rancio y del dolor muscular de aparición tardía, más conocidas como agujetas, que nos recuerdan que, el día anterior, acabamos saltando a la comba.
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Pintura pasional
Treinta óleos esmaltados de colores vivos y detalles minuciosos han provocado la fascinación de cientos de vecinos, que han aprovechado las vacaciones de Semana Santa para observar intensamente y con admiración la exposición Nava Santa. Pintura Religiosa, del navarrés Alfonso Martín Hidalgo.
La obra ha podido ser contemplada gracias a una exposición en la que el autor ha reunido una treintena de cuadros, sus más recientes creaciones, que se han presentado por primera vez en Nava del Rey. Títulos como Mi pueblo, Calleja típica o El libro han inundado la Casa de Cultura de colores y arte de la tierra.
La muestra fue inaugurada por Juan Antonio García Calvo, alcalde de la localidad, quien agradeció al pintor esta cesión y a quien definió como “alguien muy querido en Nava, con un espíritu y vitalidad admirables”. También acudieron representantes políticos del PSOE y PP, así como presidentes de asociaciones, familiares y amigos, quienes, al término del acto, degustaron dulces y vinos de la tierra en una mesa original y esmerada en la que las bandejas y posavasos también eran diseño de Alfonso.
Pintor circunstancial que la necesidad hizo profesional, nació en la ciudad en 1942. Se trasladó a Chile en 1953 y tras varios años por Sudamérica, regresó a Madrid donde, sentado en el suelo y a lo largo de 40 años, pintó la ciudad “más cañí y bohemia”, ante la mirada curiosa de los turistas.
Es toda una vida manteniendo con los lienzos en blanco una charla que se traduce en una obra personal e intransferible. Domina la técnica como un notable artista y ha conseguido imponer una forma de hacer arte como sólo los artistas de raza saben hacer: transmitiendo emociones en estado puro que sobrepasan los límites del cuadro para quedar impregnados en lo más íntimo de quien lo contempla.
Con una formación autodidacta, cuenta con un estilo depurado, creativo y con un gran dominio de la luz y el color. Es un pintor del pueblo y para el pueblo y desde sus obras nos miran La Inmaculada Concepción, patrona de los navarreses, el Nazareno o el Cristo del Perdón.
Son varios los reconocimientos dados en diferentes países, pero además cuenta con la satisfacción de haber derrumbado la sentencia de que nadie es profeta en su tierra. Se acerca a la gente a través de los colores vivos y los temas populares, asi plasma en sus murales la historia de la ciudad, destacando sus raíces y haciendo un recorrido por todos los pasos de la Semana Santa y las imágenes con mayor devoción de la localidad.
Dicen que la pintura es reflejo de la vida, eso debió pensar cada visitante de la muestra, una muestra que es producto de la pasión de Alfonso, que con decenas de cuadros repartidos por el mundo, sobre todo Estados Unidos, y la vista casi perdida a causa de la diabetes, emplea unas viejas gafas de su padre para ”ver algo y entretenerse con la pintura”.
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Procesiones paganas, representaciones vivientes de la Pasión, liberaciones de presos… no todas las ciudades celebran de la misma manera la pasión y resurreción de Jesucristo.
Si las oraciones y procesiones colman la Iglesia y calles de Nava del Rey, el juego de las caras llena el bar de Camilo. Y es que el gran corro del juego, donde se apuestan fortunas que pueden alcanzar cifras astronómicas, atrae a cientos de personas que recuerdan, de esta forma, a los soldados que acompañaron a Cristo a la cruz y que, después, se jugaron su túnica a los dados.
¡A caras! ¡A flores! ¡Flor y cara! ¡Caaaaras! ¡A flores va el que tira! son algunas de las consignas más escuchadas desde la noche de Jueves Santo hasta la madrugada del sábado. El juego se realiza en un gran corro y el juez, Carlos Pérez, está en el centro. Acude a cada punto de la circunferencia donde es requerido por los jugadores para ir apostando y cada apuesta es dejada en el suelo. El tirador grita a lo que va y lanza las chapas al aire, alea iacta est, después de segundos de incertidumbre, el tintineo de las monedas concluye, jugadores y curiosos conocen el resultado: cara y cruz, la banca repite la tirada; dos caras o dos cruces, los vencedores doblan su apuesta. Si el que tira grita “voilo” cuando las monedas están en el aire, la tirada no es válida y se repite el lanzamiento.
Se llaman caras y flores porque las monedas antiguas de cobre de diez céntimos representan la efigie de Alfonso XII por un lado y la flor de lis o escudo por el otro.
Según la tradición, el origen del juego arranca en el capítulo 15, versículos 22, 23 y 24 del Evangelio de San Marcos: “Le llevaron al lugar del Gólgota… le crucificaron y repartieron sus vestidos, echando suerte sobre ellos para saber lo que había de tomar cada uno”. También, según la tradición, fue un soldado vallisoletano al servicio de las tropas inglesas en Australia, el que trajo este juego a Valladolid, extendiéndose por pueblos y ciudades castellanas y jugándose, en tiempos pasados, en plazas y calles y hoy en recintos cerrados. Nava del Rey es uno de los principales núcleos de la zona donde se desarrolla este juego que atrae a numerosos jugadores de pueblos vecinos.
La Semana Santa navarresa siempre fue lúdica ante la falta de música y baile, y en la actualidad sigue patente y con gran arraigo esta tradición, donde no hay límite de dinero ni de tiempo. Ahora únicamente se juega en el bar Camilo, en la gran pista de la discoteca Sweet, pero antiguamente eran varios los establecimientos que ofrecían este espectáculo, especialmente a altas horas de la madrugada.
Incluso en tiempos de prohibición expresa del juego, las caras estuvieron siempre toleradas y es que, como dijo San Francisco de Sales, “no se pueden condenar los juegos y bailes, mientras sean únicamente por recreo, y no por afición; mientras sean raros y poco duraderos; y con modestia, con decoro y con buena intención”.
Esta tradición debe su éxito a la curiosidad, la emoción, el riesgo y, por supuesto, al sentido lúdico y al interés por el juego, pero recuerde que “jugar y nunca perder, no puede ser”, “la mejor suerte de los dados es no jugarlos” o “una retirada a tiempo es una victoria”.
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Un nuevo soplo de vida
Hábitos aireándose, guantes blancos, mantillas, medallones, estandartes, cornetas y tambores esperan el último repaso. Como cada primavera, un nuevo soplo de energía devuelve a la vida a las imágenes que reposan en el silencio de los altares, conventos e iglesias. Una vez más, despiertan de su letargo, de su refugio de paz, para representar la historia de la Pasión e inundar la ciudad de espiritualidad y fe.
El Domingo de Ramos, Jesucristo entró triunfante en Nava del Rey, aclamado como Mesías y recibido con palmas como un rey. Bajo los rayos de sol, en una procesión distendida y sobre la borriquilla pudo observar las adquisiciones estrenadas por los feligreses, temerosos a quedarse sin manos. Desde entonces, y hasta el Domingo de Resurrección, el lento fluir de las procesiones ha hecho vibrar las calles navarresas.
Un espectáculo multicolor de pasos y cofradías que conjuga la religión y el arte y donde la sobriedad, el respeto y la fe son los principales protagonistas. Centenares de navarreses y visitantes salen a las calles para ver una de las representaciones más genuinas de la Pasión y contemplar atónitos uno de los legados más insignes de la ciudad.
Los detalles realistas de La Oración del Huerto, el semblante atormentado del Ecce Homo, la impresionante escultura de Jesús Nazareno, la pureza del Señor de la Buena Muerte, la delicadeza del Cristo del Perdón, la expresividad del Cristo Yacente, el angustiado rostro de la Virgen de la Soledad… son algunos de los rasgos de los conmovedores pasos de la Semana Santa navarresa.
Pero no solamente actúan las tallas, también lo hacen las cofradías, que imprimen un halo de luz, color y sonido a este acontecimiento. Los templos abren sus puertas, el estandarte inicia la procesión, el sonido de las cornetas y el estruendo de los tambores se oyen por todo el pueblo, los cofrades, encapuchados y en perfecta formación, alumbran con su farol el paso de la imagen.
Pero la verdadera originalidad la marcan actos como El Pregón de las Siete Palabras, en el que un jinete a caballo recorre varias calles de la ciudad anunciando El Sermón, ayudado por otros jinetes que tocan la trompeta; o la cruz que forma en procesión la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, figura que crean los músicos, en alguna de las anchas calles de La Nava, poniéndose en una fila vertical y otra horizontal, siguiendo con sus pasos el redoble del tambor.
Otras señas de identidad, que hacen única esta celebración, son la cofradía del Señor de la Buena Muerte, integrada exclusivamente por mujeres y que fue una de las primeras que en Castilla y León desfiló con hábito y capuchón; o las irónicas bromas de los navarreses que, aficionados al vino, llaman a la cofradía de la Oración del Huerto , la de los borrachos, por la copa que porta el ángel que da la impresión de estar brindando.
Una de las estampas típicas es la paciencia y el esfuerzo para subir y bajar con un torno especial al Nazareno y poder sacarlo de la Casa de la Cruz. Momento idóneo para observar a ese Nazareno, alto y esbelto, de tamaño mayor del natural, con rasgos hercúleos y que denota dulzura a pesar de su cara ancha, ruda y de perfiles duros.
Y todo esto, sin olvidar el Cristo Yacente que se levanta y se acuesta. Se trata de una de las pocas imágenes articuladas que existen en la imaginería española, lo que permite simular una representación teatral: El Lavatorio de Cristo. La imagen es colocada en una mesa en el centro de la iglesia y se le dispensa todo el cuidado que requiere un cadáver. Con un primoroso trato se le pasa una esponja con vino rancio y romero para darle lustre antes de colocarla en la cruz en el altar mayor de la iglesia donde permanece hasta el Viernes Santo, cuando se realiza el cuidadoso descendimiento hasta la urna de cristal en la que queda postrado para salir en procesión.
Gregorio Fernández, Francisco Alonso de los Ríos, Francisco del Rincón, Martínez de Arce… crearon estos tesoros para despertar los sentimientos más profundos del ser humano, quizá inspirados en los navarreses de la época, quizá en el escenario idóneo que las iba a acoger, Nava del Rey, cuna de artistas, de cofradías, de respeto, tradición, sobriedad y devoción.
Atrás quedaron los esfuerzos de don Alfredo, párroco que propuso la constitución de cofradías en 1956, o los donativos que permitieron comprar los primeros tambores por 500 pesetas y las trompetas por 700. Pero la activa participación del pueblo y sus trabajos desinteresados siguen intactos, no cabe pasividad.
Unos 600 cofrades, entre los que se evidencia una gran mayoría de jóvenes y mujeres, recorren las calles de La Nava en unos desfiles llenos de vistosidad. Acordes de pasión congregan a cientos de personas en la procesión del viernes, la que más pasos lleva y más gente atrae. La abundante sangre por el cuerpo debido a los “cinco mil y tantos azotes”, la espalda lacerada y las llagas en manos, pies y costado, se convierten, el Domingo de Resurrección, en el encuentro del Resucitado con la Virgen de la Alegría en actitud triunfante, con un brazo levantado, símbolo de su victoria sobre la muerte que remata la Semana Santa navarresa.
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Todo un orgullo
“Después de contemplar la obra de Luis Salvador Carmona, comprendes que Gregorio Fernández o Juan de Juni tenían mucho que aprender”. Así de rotundo hace esta afirmación Jesús Antonio del Río, Gerente del Museo situado en el Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid donde se encuentran expuestas dos obras del ilustre imaginero navarrés del siglo XVIII.
Junto a otras esculturas religiosas de Francisco Alonso de los Ríos o los únicos cuadros de Goya que se conservan en Castilla y León, destaca el grupo escultórico San Bernardo recibiendo la leche del pecho de la Virgen, talla de madera policromada de la primera mitad del siglo XVIII. Formada por estas dos figuras, destaca la posición en elevación que presenta la Virgen. Esta ubicación eminente hace de esta obra algo único en el mundo y pretende ensalzarla y distinguirla como algo sublime y excelso, como una diosa.
Esta noble posición la corrobora el pie griego que asoma bajo su manto. Llamado así porque se observa en las estatuas de la Época Clásica como rasgo divino, el segundo dedo es más largo que el gordo. Lo que desbarata la idea de que la imagen no representa a la Virgen porque en esta ocasión tiene los cabellos rubios.
También se puede apreciar la finura en la talla de San Bernardo, sobre todo en sus manos alargadas y con venas, como símbolo de humanidad frente a lo divino, sobrehumano y celestial, que representa la figura femenina.
Pero lo más destacado, sin lugar a dudas, según Jesús Antonio del Río, es el delicado trabajo de filigrana que recorre el manto de la Virgen en forma de puntilla. Esta tarea requirió del escultor un enorme esfuerzo ya que fue realizado totalmente a mano y sin ningún tipo de molde, ya que la cenefa presenta gran variedad de adornos.
El grupo de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen también es atribuído a este autor. De 1780 y en madera policromada, se encuentra presidiendo el altar de la capilla. Su finura, textura, pulcritud, elegancia, refinamiento, exquisitez y hermosura hacen del conjunto, según del Río, algo maravilloso.
Este virtuoso de la talla consiguió plasmar un lenguaje de gran perfección técnica, pureza de formas y volúmenes lo que hace que dulzura, refinamiento y sensibilidad, sean características permanentes en sus obras. Atraído por la ocasión de poder dedicarse al oficio de escultor, para el que manifestaba dotes extraordinarias, abandonó Nava del Rey, su pueblo natal, cuando aún era un muchacho. De una familia eminentemente artista y de reconocido mérito, los Carmona construyeron preciosas alhajas que regalaron a la ciudad.
Del Río, fiel seguidor y reconocido admirador de Carmona, no entiende el halo de olvido que rodea al artista, más aún cuando trabajó para el palacio real de Madrid. Su producción consistió sobre todo en imaginería religiosa que engrandece aún más al pueblo que le vió nacer, como el Cristo del Perdón o la Divina Pastora, venerados en el convento de las Madres Capuchinas y que, después de tantos años, son capaces de originar una cosa tan hermosa como que alguien te dé la enhorabuena por ser de Nava del Rey, la patria que vió nacer a esta saga de artistas.
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50 años de pasión
La cofradía de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna está este año de celebración por sus 50 años de presencia en la Semana Santa navarresa. Y, como si de unas bodas de oro se tratara, está dispuesta a festejarlo por todo lo alto y que el recuerdo de esta fecha sea inolvidable.
Entre los actos conmemorativos del 50 aniversario fundacional, la cofradía ha organizado una exposición con los cuatro pasos procesionados por la hermandad durante este medio siglo: Siete Palabras, Cristo del Perdón, Llanto sobre Cristo muerto y Atado a la columna, que podrá contemplarse del 1 al 8 de abril en la iglesia de los Santos Juanes.
Y es que, desde que fue fundada en 1956 con el nombre de Cofradía de las Siete Palabras y Cristo del Perdón, los avatares sufridos han sido innumerables. El primer paso que procesionaron fue el del Crucificado con la Virgen y San Juan, ideado por la propia cofradía a partir de estas tres imágenes con el fin de recrear una escena típica de la Pasión. Pero la carencia de unas andas adecuadas fueron la causa de su desaparición de los desfiles procesionales.
Lo que convirtió al Cristo del Perdón en la única figura titular de la cofradía. Imagen venerada en el convento de las Madres Capuchinas, no desfila en procesión desde hace años. Hasta este, en el que con motivo de esta conmemoración volverá junto a sus cofrades a reunir a sus antiguos fieles que se daban cita para ver su paso por las calles de la ciudad llenos de fervor.
Durante algunos años, tomaron el Llanto sobre Cristo Muerto, dadas las dificultades encontradas para la cesión de otro. Pero en los 80 se vió obligada a prescindir de él debido a su mal estado y a la peligrosidad que suponía lucirlo en los desfiles.
Tras la búsqueda de un paso procesional digno de la Semana Santa navarresa, encuentra el Cristo Atado a la Columna, motivo por el que cambia su denominación.
A pesar de todos estos contratiempos, su hábito negro, su capa blanca sobre la que destaca una cruz roja y el sonido de sus cornetas y tambores siguen estando, año tras año, presentes en las procesiones, heredando, generación tras generación, esta tradición y el principio básico de sus cofrades, la fidelidad.
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Nava, de colores
El tintineo de las cadenas, el estruendo de las sirenas, el siseo de las ruedas cortando el viento y los aplausos de casi un centenar de navarreses desperezaron la vida cotidiana de la ciudad. Esta vez sí estaban preparados. En esta ocasión, la población sabía que algo iba a suceder. El pelotón de la Vuelta a Castilla y León iba a pasar por Nava del Rey y los navarreses no se lo quisieron perder.
Eran poco más de las 14.15 horas cuando los primeros vehículos de la caravana ciclista se adentraron por la calle Rodríguez Chico. A esta parafernalia de motos enlace, coches de los diferentes medios de comunicación que cubren la carrera, le siguieron los protagonisas de la ronda.
Primero fueron tres, Adrián Palomares (Fuerteventura Canarias), Iván Gilmartín (Viña Magna Cropu) y Luis Pérez (Caja Sur Andalucía), los que horadaron las calles del municipio. Ellos, que habían saltado del pelotón después de una trepidante primera hora de carrera, fueron los que más vítores y aplausos arrancaron de los habitantes que se agolparon allá por donde pasaba la carrera.
El tridente asomó pronto por las calles de la ciudad. Así, gota a gota, fueron dejando un reguero de sudor que se prolongó por las calles Rodríguez Chico, Plaza Mayor, hasta donde muere la ciudad, en la calle González Pisador.
Cuatro minutos después, un pelotón de más de 120 unidades seguían el rastro de la cabeza de carrera. El manantial de colores iba recogiendo, como en el cuento, las miguitas de pan que habían dejado sus antecesores. El tránsito del gran grupo duró un suspiro, pero despertó de la monotonía de un miércoles cualquiera a esta ciudad.
Ilustres como Oscar Pereiro o Iban Basso, bisoños de la calidad de Alberto Contador e Igor Antón y promesas en ciernes como Beñat Intxausti o Arkaitz Durán, pudieron contemplar, a pesar del angosto paso del grupo por la Plaza Mayor, como se levanta erguida y majestuosa la torre de la Iglesia de los Santos Juanes, bautizada años a como la Giralda de Castilla.
La etapa, que siguió camino de Medina del Campo para morir en Valladolid, fue para el cántabro Francisco Ventoso (Saunier Duval), que obtenía su segunda victoria parcial en la ronda regional y también un bis en cuanto a victorias en lo que lleva de temporada.
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Vuelta a las calles

El cristo del Perdón será el gran aliciente de la Semana Santa en Nava del Rey. Arrodillado sobre la bola del mundo, con el rostro agotado y desencajado por el dolor, los ojos llenos de compasión y la boca rogando en dirección al cielo, volverá a procesionar con motivo de la conmemoración del 50 Aniversario fundacional de la cofradía de Jesús atado a la columna.
La imagen, una de las más veneradas por los navarreses (así lo demuestra el cartel promocional de la Semana Santa 2007), desfilará este año excepcionalmente con la hermandad que la procesionó hasta el año 1975, cuando un informe técnico prohibió sus desfiles a causa de una grieta en la pierna que apoya en la bola del mundo; y por cortesía de las Madres Capuchinas, que quieren homenajear, de esta manera, al pueblo que las acogió hace 265 años.
La talla fue realizada en el año 1756 por el imaginero navarrés Luis Salvador Carmona para el antiguo convento de las Madres Capuchinas, fundado en 1741 por cuatro madres de Toledo. El año pasado, El Cristo del Perdón estuvo expuesto en Kyrios (Señor, en griego), exposición de la decimotercera edición de Las Edades del Hombre en Ciudad Rodrigo (Salamanca) y centrada en la figura de Cristo. Valladolid estuvo muy bien representada en esta muestra donde la imagen fue restaurada mediante la eliminación de cera, repintes, polvo y el encolado de un dedo.
La imagen participará en la procesión de Paz y Reconciliación del Jueves Santo, en el Viacrucis y en la Procesión de la Pasión del Viernes Santo.
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