Adiós al asfalto
Vaqueros, zapatillas, tiendas de campaña, barbacoas, paelleras… todo listo para que se produzca, como cada año, el éxodo masivo hacia el campo. Es el reencuentro anual con la naturaleza y la empanada.
Tras la Semana Santa llegan ‘Los Doblaos’, ‘Las meriendas’ y ‘El lunes de las sobras’. El doblado, pan elaborado con leche y relleno de chorizo y lomo, se merienda el miércoles posterior a Pascua de Resurrección, conocido como ‘Miércoles de los Doblados’. Esta es una merienda celebrada especialmente por los niños en los pinares cercanos al pueblo, como el de ‘La Coneja’, donde dan buena cuenta de la tradición popular y de que andar en bici nunca se olvida.
El domingo después, los vecinos, junto a sus familiares, amigos, peñas y las mejores paellas y carnes a la parrilla, tornan de nuevo al campo para disfrutar del llamado día de ‘Las Meriendas’, que constituye la fiesta campestre más tradicional de Nava del Rey.
El ocio y la diversión inundan los pinares del término municipal, el pinar de la carretera de Sieteiglesias y, especialmente, la Cantera, a la orilla del Trabancos, antigua mina a cielo abierto de caolín o arcilla blanca empleada para clarificar el vino, el famoso vinito rancio de la Nava, donde tradicionalmente se reúnen más de mil personas. Entre los productos gastronómicos, son tradicionales las empanadas de chorizo y lomo o de bonito, cuya elaboración es totalmente artesanal y a base de los productos de la tierra, que constituyen una de las viandas indispensables para disfrutar de un día completo en el campo.
Pero esto no ha hecho más que empezar. Al día siguiente, los vecinos que no se han quedado a dormir en dichos parajes, vuelven a la ribera del Trabancos con la excusa de degustar los restos del día anterior, en el que se denomina ‘Lunes de las Sobras’ que pone fin a las meriendas. Este día es fiesta local en Nava del Rey y no se trabaja, por lo que la mayoría de vecinos pueden gozar de una tarde festiva y campestre.
Durantes estos días no se repara en comida, bebida, juegos, bromas, cánticos, “tíos maragatos” o “queimadas” que acompañan el ambiente alegre que siempre ha existido en Nava del Rey. También es tradicional la visita a los diferentes grupos que forman familias o peñas, abiertos a todo el mundo, lo que hace especialmente reseñable el abrazo y cercanía que todos ofrecen y donde a nadie se le pregunta quien es.
Los orígenes de esta tradición festiva pertenecen a una historia de privación y de obediencia piadosa. Es una fiesta pagana, única en Nava del Rey que le sirve de tarjeta de visita. Antiguamente, las meriendas se esperaban con impaciencia para resarcirse de tanto ayuno y despedirse de los rigores cuaresmales con una sustanciosa empanada. Hoy, aunque esto no se respeta, la tradición continúa en una apuesta por la fiesta, la jarana y la juerga de un día de campo acompañado de amigos, familiares y de titánicos nutrientes.
En definitiva, el culmen del ocio y la diversión sin límites ni miramiento. Una auténtica fiesta a la orilla del río, los recuerdos de un paraje muy popular en la localidad, del olor a chorizo, de los chorros inagotables de vino rancio y del dolor muscular de aparición tardía, más conocidas como agujetas, que nos recuerdan que, el día anterior, acabamos saltando a la comba.
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Hola
Me gusta mucho todo lo que escribes. Esta entrada me ha recordado a las meriendas que hacíamos en mi pueblo cuando éramos jóvenes el lunes de aguas.
Anímaté y haz un blog de mi pueblo, Cantalpino.
Un beso bonita